Del abandono a la preocupación: los siglos XIX y XX
En el periodo que va de comienzos de siglo hasta 1931 la enseñanza en España vendrá caracterizada por su fuerte componente religioso, proceso al que nuestra comunidad no es ajena en absoluto. Fácil es comprobarlo a través de los libros de texto y por las enseñanzas y prácticas en uso durante esos años.
En Extremadura, por ejemplo, pueden apreciarse las consecuencias de una labor que, en el contexto nacional,, levaron a cabos diferentes pedagogos. Importante es el caso, por ejemplo, de Andrés Manjón, fundador de las Escuelas del Ave María, destinadas sobre todo a la población de escasos recursos o carácter marginal. De estas características son las escuelas que, durante los primeros años del siglo XX, se fundaron en localidades como Olivenza . Otros casos de similares características corresponden a la difusión de la institución teresiana (fundada por Pedro Poveda) o salesiana, que alcanzarían cierta difusión en la Extremadura de los años previos a la guerra civil.
Habrá que destacar la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876 por Giner de los Rios, basada en las ideas del krausismo, que defiende la libertad de cátedra y se rebela contra el dogmatismo religioso, político o moral. Desde 1876, en que fue fundada, hasta la Guerra Civil, la I.L.E. se convirtió en el centro de gravedad de una época de la cultura española y fue cauce para la introducción en España de las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas que se estaban desarrollando fuera de las fronteras españolas. En el espíritu de la I.L.E. está el promover la fusión de las Escuelas Primarias y Secundarias, por considerar que eran sólo distintos momentos de un único proceso.
Entre las aspiraciones de la intelectualidad y el reflejo de la política oficial, se desarrolla la evolución legislativa (en parte antes comentada) que nos va señalando la concreción y desarrollo de la etapa a estudiar. Así, la legislación por la que se rige la educación española en esta primer tercio de siglo XX, se rige, hasta bien entrado el siglo XX. Por la Ley Moyano, que informó la educación nacional durante más de un siglo. Este esquema legislativo español centenario responde a un sistema educativo clasista y fue aprobado el 9 de septiembre de 1857, siendo Ministro de Fomento Claudio Moyano.
Según la Ley Moyano la enseñanza queda estructurada en varios niveles: Escuelas Primarias, Escuelas Normales, Institutos de Segunda Enseñanza, Facultades Universitarias y Escuelas Especiales. La Enseñanza Superior quedaba a cargo del Estado. La Segunda Enseñanza era competencia de las provincias y la Primaria, competencia de los Municipios.
Habría que esperar hasta la Dictadura del General Primo de Rivera para observar las primeras reformas importantes relacionadas con el Bachillerato; en 1926 el entonces Ministro de Instrucción Pública, Eduardo Callejo, establece reformas en el Bachillerato, conocidas con el nombre de Plan Callejo.
Hasta el advenimiento de la República se producirá un cierto inmovilismo en este sentido favorecido, sin duda, por las especiales condiciones políticas que atravesaba el país. Aúna así, habría que citar el proyecto, puesto que no llegó a más por los motivos citados, del ministro Elías Tormo en 1930. La reforma que se pretendía llevar a cabo se centraba en la eliminación del carácter memorístico de este tipo de enseñanzas, “(...) con una enseñanza verdaderamente formativa” que se desarrollaría a través de seis cursos académicos divididos en dos períodos: el primero de cuatro años comunes a todos los alumnos; el segundo de dos años, con atención especial a estudios de ciencias o letras pero sin producirse una división en los mismos.
Proyecto Tormo (Real Orden de 20 de agosto de 1930 sobre el proyecto de reforma de la segunda enseñanza).
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